EL PODER DE LAS PALABRAS

Imaginemos una balsa de agua que esta en perfecta quietud, nos permite ver en su reflejo las cosas que están ahí y ahora en ese mismo momento tal cual son, pero nosotros podemos influir en la realidad, podemos lanzar piedras contra el agua, creando ondas que hacen que el reflejo de la realidad acabe viéndose de forma diferente, nosotros podemos decidir cuantas piedras lanzar y cuando parar para revolver estas aguas.
Esto mismo es lo que hacemos cuando pretendemos generar emociones en los otros, durante la conquista tratamos de enamorar a la otra persona “tirando los tejos” expresión muy apropiada dentro de esta metáfora… es por ello que debemos de ser conscientes del poder de nuestra conducta, de nuestra actitud, de nuestro lenguaje, y por su puesto de nuestras palabras… ya que todo esto funciona como cantos que decidimos lanzar a la laguna emocional de la persona que esta frente a nosotros, no puedo controlar lo que el sienta, pero puedo dejar de lanzar ciertas piedras o cambiarlas por otras, a medida que observo que mi objetivo no esta generando las “ondas” que yo estaba buscando.

Valora también la importancia que esto tiene a largo plazo, ya que las piedras lanzadas no desaparecen, siempre acaban en el fondo generando de forma automática una concepción de esa persona respecto a ti para el futuro.

También esto pasará…

También esto pasará…
Un libro que me ha acompañado durante las vacaciones, uno de los que llegan a tus manos para agradecer tu trabajo, que recibes sorprendida y muy agradecida, y después de compartir con él, sonrisas, lágrimas y alguna que otra carcajada lo estoy aún más.
Con el me doy cuenta que esta es una de las frases de autoconsuelo que intentó aplicarme a mí misma y que descubro siempre, tristemente como la protagonista del libro, que no es cierto, que hay dolores que se apaciguan, pero no se van, pasan a ser una sombra que te acompaña en silencio, que incluso es capaz de esconderse muy cortésmente para dejarte disfrutar de lo que la vida te presenta, pero que sigue ahí, a tu lado, en silencio, observando, cómo quien te reta para ver el tiempo que eres capaz de mantener el tipo y vivir como si no existiese, como si nunca te hubieses fundido con el, como si más que un traje fuese parte de tu piel, y es que hay penas que son y serán siempre un compañero de viaje incomodo, un traje que hace tiempo que no quieres usar, incluso que ya no te sienta ni bien, pero que te hicieron a medida y lo sabe, así que siempre lo tendrás en tu fondo de armario, recordándote el día en el que te lo pusisteis por primera vez, como tantos otros vestidos que marcan momentos alegres, pero que se dejan guardar en el armario de la habitación de invitados sin rechistar.
Aún así, mi mente sigue diciéndome, como una amigo de los que me conocen mucho y me quieren más… “tranquila Lore, también esto pasará…” Pero un pensamiento, sólo es un pensamiento… Que me acompaña, pero no decide, que puede vestirme de fiesta, pero soy yo quien decide si baila!

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