Sesión clínica. Ejercicio de defusión para profesionales

Comparto con vosotros, esta herramienta creada por mí para que podáis utilizarla en vuestras sesiones.

EJERCICIO DE AUTOCONOCIMIENTO Y DE DEFUSIÓN EMOCIONAL. OBJETIVIZACIÓN EMOCIONAL

Resulta en muchas ocasiones complejo poder identificar que están experimentando nuestros clientes realmente.

Debido al modo en el que nos formamos a nivel emocional, por múltiples ejemplos transmitidos de forma subjetiva por muchas otras personas, vamos creando una brecha entre nuestra percepción de lo que sucede y la de los interlocutores con los que nos vamos encontrando.

En terapia, queremos poder identificar que experimenta el sujeto para desde esa emoción trabajar su nivel de intensidad o comprobar lo limitante que resulta, si trabajamos con la intensidad independientemente de la “etiqueta” que la persona decida para lo que siente, la terapia puede funcionar de igual modo.

Una de las limitaciones que si experimentamos, es la sensación de falta de empatía sino acertamos con lo que el cliente esta interpretando que siente, rompiendo la relación terapéutica, para solventar esto siempre es bueno plantear nuestra idea como una hipótesis y no como una certeza, ya que esto sigue poniendo al sujeto como responsable y protagonista de su vida y no nos colocamos nosotros en una postura de superioridad. Nuestros conocimientos nos permiten ayudarlos a generar sus propias herramientas y a conocerse más a sí mismos, pero nunca debemos perder la perspectiva de que nadie sabe más sobre sí mismo que el protagonista, aunque este equivocado, por ello desde la hipótesis sugerimos una alternativa a lo que siente, y le orientamos a focalizar la atención en lo que experimenta, incluso a tratar de analizarlo sin juzgar, provocando la curiosidad que abre la puerta al autoconocimiento.

Una vez hemos generado un clima de “laboratorio de emociones” es factible comenzar con el trabajo de la objetivización emocional.

Encontramos acuerdo cuando planteamos que las emociones básicas son 6 y las personas pueden identificar perfectamente cual son estas 6, por su potencia, cada una de ellas puede tener distintos matices e intensidad, así cómo la combinación de ellas genera otras emociones más complejas que por cultura, o educación, cada uno las considera de distinto modo.

Las emociones básicas son:

1. ALEGRÍA

2. TRISTEZA

3. MIEDO

4. IRA

5. AVERSIÓN

6. SORPRESA

Piensa en una situación en concreto y empieza a realizar la secuencia de lo que experimentaste desde que comenzó. Eligiendo la cantidad de números que consideres necesaria para plasmar la intensidad de la emoción básica, hasta que da paso a una distinta.

Puedes elegir un número para tu emoción o un nombre que sea exclusivamente tuyo, que se adapte a lo que únicamente tu experimentas.

Esto nos da mucha información, tanto a nosotros como al cliente, para poder valorar si avanza en su relación con las situaciones, cuál es su patrón emocional habitual, que desencadenantes lo provocan, y que estrategias de evitación emplea para disminuir la sensación emocional o cuanto es capaz de tolerar o de considerar que tolera.

Nos permite también trabajar la defusión, de tal modo que la persona empiece a considerar que el es quien experimenta las emociones, pero no es sus emociones, comenzando una sensación de control sobre lo que hace al respecto y no una sensación de necesidad vital de evitación.

Este esquema emocional le permitirá trabajar y experimentar fuera de terapia sin nuestra intervención pudiendo ser consciente de que lo esta haciendo de un modo distinto, por decisión propia, enganchando su comportamiento al trabajo previo de valores y observando su propia autorregulación, sin intervención, así cómo las modificaciones en cantidad de números para describir lo que experimentan.

Si sabemos identificar como es el patrón emocional y la conexión relacional establecida a la conducta, resulta sencillo lograr que el cliente identifique que el problema no es lo que experimenta sino su conducta reactiva respecto a lo que sucede, de modo que con un comportamiento más proactivo, nunca pasivo, aunque no actuar sea una de las acciones elegidas, sólo es aceptable para el tratamiento si el objetivo es aumentar la tolerancia al malestar y no evitar dirigirse a valores, por lo que se considera una acción elegida y no una evitación impulsiva.

Las evitaciones que el cliente decida mantener deben ser respetadas, incluso validadas, sólo debemos plantear que esto es igual de válido que actuar, siempre que sea una decisión racional y no emocional.

Una variante de este ejercicio es identificar los número o emociones básicas con colores, para poder realizar una secuencia cromática de su patrón emocional o para poder solapar los colores representando el nivel de fusión con los eventos privados que se están trabajando, es posible escribir en una hoja aquello que realmente valoran para poder pintar sobre ello, visualizando el coste que tiene su relación con las emociones, solapando o tergiversando lo que les importa, cobrando mayor protagonismo y siendo foco de su conducta sólo lo que sienten.